lunes, 30 de abril de 2012

La mala televisión, una cuestión de responsabilidad social que nos incumbe a todos



“¿Es imposible que la TV por aire potencie sus virtudes y reduzca sus muy lamentables barquinazos? Para lograrlo haría falta una férrea voluntad política y una acción social conjunta. Lo ideal sería que los gerentes de programación y, más aún, los propietarios de los canales de quienes ellos dependen, recapacitaran de una vez sobre la responsabilidad social que les cabe no sólo para ser más ecológicos en la comunicación que establecen con sus públicos, sino porque también esa será la mejor manera de cuidar de sus negocios, dándole a la televisión un mejor porvenir que el de producir tanta basura.” “La televisión argentina”, Pablo Sirvén, La Nación, 28-12-08.
Recientemente, en un paseo por el Delta, la guía (maestra de una escuela de las islas) nos contó que siempre les recordaba a los turistas que el cuidado del medioambiente era una responsabilidad de todos; me pareció una clara explicación del significado de la responsabilidad social bien entendida que tenemos todos como miembros de la comunidad. Pocos días después recordé las palabras de la guía al leer el excelente artículo de Pablo Sirvén citado en el epígrafe, en el que hacía referencia a los gerentes de programación y los propietarios de los canales con un llamado a la reflexión exhortándolos a recapacitar sobre la responsabilidad social que les cabe y ser más “ecológicos”, lo que me pareció un hallazgo habida cuenta de que la ecología, según el diccionario, “es la ciencia que estudia las relaciones existentes entre lo seres vivientes y el medio en que viven” y también la “parte de la sociología que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente, tanto físico como social”.
Así como la basura contamina el medioambiente físico atentando contra la salud de la población, los programas televisivos a los que alude Sirvén, incompatibles con los principios y valores más elementales, contaminan el medio social en el que los chicos y adolescentes crecen, atentando contra su educación al invadir los hogares a toda hora, aún en el horario de protección del menor.
Pero, como bien lo señala este distinguido periodista en su nota, esa responsabilidad no empieza ni se termina en los gerentes de programación de los canales y sus patrones   sino que va mucho más allá abarcando a los organismos de control, a los anunciantes que con sus pautas publicitarias facilitan la producción de esos programas y a los televidentes que les suman “rating”.
Felizmente, ante este problema  que por cierto no es nuevo (ver “Hacer familia”, nº 21, ago.sept. 2007), son cada vez más frecuentes las voces de alarma y de denuncia de importantes entidades representativas de la comunidad y las quejas de los propios ciudadanos reiteradamente expresadas a través de los medios.
Basta recordar la Encuesta de Opinión Pública sobre TV y Sociedad realizada y publicada por el Foro del Sector Social hace dos años; las declaraciones públicas de la Academia Nacional de Educación de los dos últimos años, que contaron con la adhesión de numerosas entidades representativas como la Cámara Argentina de Anunciantes; la declaración conjunta de representantes de distintos credos religiosos reunidos en la Mesa de Televisión y Valores de fines de 2008 y el editorial de La Nación publicado a raíz de ella, titulado “T.V.: la sociedad exige y nadie responde”. En todos los casos se pone en evidencia la cadena de responsabilidades que conforman quienes, ya sea por su acción u omisión, facilitan la continuidad de esa clase de programas.
Parecería entonces que en el país del “no te metás” y del “yo, argentino”, algo empieza a mejorar.
Un ejemplo de ello es la campaña iniciada hace unos meses por un padre de familia – Jesús M. Silveyra – reclamando por el incumplimiento del horario de protección al menor, iniciada con una carta de lectores publicada en La Nación y enviada por Internet a la autoridad de control con copia a las entidades vinculadas con la televisión, los anunciantes y organizaciones comunitarias.
Luis O. Ibarra García.
Docente de la UCA y la USAL

(Publicado en “Hacer Familia”).

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